
martes 8 de diciembre de 2009
Papá Noel - por Pipi Sposito
Deseos y postales en La luna naranja...
sábado 28 de noviembre de 2009
El juego del oso

Sale de la caverna
la familia del oso.
Es el primer verano
del pequeño mimoso.
Juega entre los árboles
Ríe y corre, se esconde
El papá oso lo llama
Mira y pregunta ¿dónde?
La mamá oso lo busca
Le dice al papá: ¿lo ves?
Entonces el osito
salta y grita otra vez.
Comienza el nuevo juego
Piensa: ¡qué divertido!
Busca el hueco del tronco
de nuevo está escondido.
Cada tarde pasea
y su juego repite.
Se divierte buscando
un nuevo escondite.
Poesía: Lorena Scigliano
Ilustración: Andrés Fernández Cordón
jueves 12 de noviembre de 2009
El engaño

Hace muchos, muchísimos años, en un país de Oriente, un hombre pintó un cerezo.
Un cerezo en flor.
El cerezo era tan hermoso que el hombre dijo:
“Sólo falta que aniden aquí los pájaros”.
Y abrió de par en par las ventanas de su casa.
Tibia sopló la brisa.
Y los pájaros entraron y fueron a vivir entre las ramas.
Pasaron los años y el hombre que había pintado el cerezo envejeció, hasta morir.
El tiempo pasó también sobre la seda destiñendo los colores.
Cierto día, los mandarines descubrieron el cerezo y ordenaron restaurarlo.
Con delicados instrumentos, los artesanos de aquel país de Oriente remarcaron las flores y las ramas.
Pero los pájaros ya no se engañaron.
¨Huellas en la arena¨
María teresa Andruetto. (Pan Flauta, Sudamericana)
Texto: María Teresa Andruetto
Ilustración: Ester García Cortés
sábado 31 de octubre de 2009
Fantasmín

Fantasmín está muy triste
porque no puede asustar:
tiene cara de payaso
y mirada angelical
La otra noche un pequeñito
en el cuarto lo encontró
¡Se cayó el niño de espaldas,
tanta risa que le dio!
Texto: María Soledad Silvestre (Argentina)
Ilustración: Florencia Bini (Argentina)
martes 20 de octubre de 2009
Amelia, nueces y luna

Amelia canasta y nueces
en bosque lleno de estrellas,
ardilla tan apurada
las esconde desconfiada.
La luna mira las nueces
de vistosas redondeces.
Ardilla grita a la luna
-¡No te convido ninguna!
-Háblame más suavecito
o cántame una canción.
A mi me gustan las uvas
que a la tarde trae el sol
Amelia llama a la luna
cuatro veces nada más.
-¡Nubes, truenos, chaparrones.
¡Luna, luna! ¿dónde estás?
La lluvia dejó más nueces
debajo de aquel nogal.
La ardilla canta a la luna
cuatro rimas color uva.
Poesía: Cecilia Maurig (Argentina)
(Del poemario Poemas Chiquitos)
Ilustración: Silvana Perez (Argentina)
El equilibrista
lunes 19 de octubre de 2009
De la panza de mamá

LLegó así: colgado de la panza de su mamá.Después anduvo sujeto al hilo de un barrilete.Más tarde giraba en el borde de la taza de té.Un día lo vieron en la orilla de una gota de lluviao tal vez de lágrima.Si mirás la luna cuando está completalo verás prendido como una estrellita azul.Si te reís con mucha alegría en la panzaseguro te hará cosquillas en la boca.Y cuando te duermas cuidará tus sueñosacunado en tu pestaña.Texto: Natalia BrandiArgentinaIustración: Matías AcostaUruguayGracias!!!
Desafío

Estrella que en equilibrio
quiso tocar a la luna.
Suave contorno humectado,
magnolia que ha despertado.
Proximidad perfumada
de caricia anacarada.
Fiel sutileza en el juego:
saltan la cuerda sin miedo.
Poesía : Cecilia Maurig
Argentina
Ilustración: Matías Acosta
Uruguay
Gracias!!!
lunes 12 de octubre de 2009
Vida de perro

No tenía nombre porque nunca nadie lo había llamado. Y era lógico, porque jamás había tenido dueño. Recordaba, muy lejanamente, haber nacido junto a sus cuatro hermanitos en un terreno baldío un día frío y lluvioso. Pero no lo recordaba con tristeza porque conservaba la idea de haber sido feliz: nunca le había faltado ni el alimento ni el calor de su mamá; tampoco diversión, porque jugar con sus hermanos era toda una fiesta y hasta tenía memoria de que, siendo chiquito, simpático y peludo, muchas veces, chicos y grandes, se le habían acercado para hacerle caricias.
Pero el tiempo pasó y Perro creció. Y lo llamamos Perro porque ya se ha dicho que no tenía nombre así que, siendo simplemente un perro ¿de qué otra forma se lo podría llamar?
Lo cierto es que cuando Perro y sus hermanos se hicieron grandes tuvieron que ocuparse de sus propias vidas. De verdad no sabía cuál había sido la suerte de sus hermanitos, si andaban sueltos y callejeando o si habían encontrado un hogar, pero lo que sí sabía era que mantenerse con vida resultaba algo bien difícil y duro. Había que ingeniárselas para conseguir día a día algo que comer, agua para beber, un lugarcito donde repararse para dormir, para cubrirse de la lluvia, para soportar el frío.
Había aprendido también que en la calle, en el mundo, no faltaban peligros. Debía cuidarse de los autos que pasaban a las carreras sin verlo o sin ganas de verlo y también de ciertas personas que saben usar palos y escobas para propinar unos buenos golpes. En fin, que cuando se vive en la calle, solo, sin dueño, sin familia, sin amigos, sin hogar, la vida es penosa y está llena de riesgos.
Por todo ello Perro no quería ser perro y por mucho que tratara de adecuarse no se resignaba a su suerte.
Un atardecer, después de mucho trotar y trotar en busca de cualquier mendrugo que calmara su hambre, se encontró con un río y, como estaba tremendamente hambriento, fatigado y muerto de sed, se acercó a beber. Ya estaba en la orilla cuando un viejo botero que pasaba rema que rema, le gritó:
- ¡Tenga mucho cuidado, Perro, que este es un río mágico!
Perro hubiera querido preguntarle por qué o en qué consistía la magia, pero el botero ya estaba lejos y, además, sabía que él solamente podía hablar en perro, un idioma que es ignorado por la mayoría de las personas.
Se acercó un poco más al agua y pudo verse reflejado. Flaco, sucio, lleno de lastimaduras y cicatrices, el pelo opaco y duro, los ojos lagañosos. los lamparones de sarna. Sí, la verdad es que sintió lástima de sí mismo pues no era lindo ser Perro y no quería, definitivamente, ser perro.
Aproximó el hocico al agua clara y, mientras bebía, pensó: "¡Cómo quisiera ser pájaro!". Y en menos que canta un gallo, Perro estuvo convertido en pájaro. Aquello era maravilloso: podía volar y ver el mundo desde lo alto, no tenía que esquivar autos ni escapar de los palos, encontraba fácilmente miguitas, semillas, lombrices y hasta pudo darse el gusto de hacerse un nido en un árbol.
Pero un día, de puro curioso, se posó en la ventana abierta de una casa sólo por enterarse de cómo era la vida allí adentro. En esa esplénida mañana de sol, los padres y sus hijos desayunaban alegremente y el espectáculo lo dejó tan arrobado que no advirtió que el gato de la casa, bien sigiloso, se le venía acercando y apenas si pudo reaccionar cuando el zarpazo ya le había lastimado profundamente un ala.
Dolorido y sangrando regresó a su nido e intentó recuperarse, pero al día siguiente se sentía peor y al otro, peor todavía. Entonces presintió que moriría y recordó al río mágico. Con las últimas fuerzas que le quedaban voló hasta allí y, con el pico en el agua, reclamó:
- ¡Río, río, quisiera ser gato!
Y al instante se convirtió en gato, un gato grande, fuerte y saludable. "¡Esto es magnífico!", pensó lleno de alegría al verse reflejado. Y así comenzó su vida de gato que, aunque no resultaba tan sencilla a la hora de encontrar algo para comer, tampoco estaba tan mal, porque los gatos se llenan con poca cosa y hasta hay señoras que se dedican a llevarles comida a donde ellos se reúnen porque, como se sabe, los gatos suelen vivir juntos y no como los perros, cada cual por su camino.
Feliz estaba de tener alimento aunque fuera un día sí y otro no, de estar acompañado de amigos y de encontrar con más facilidad un lugar en el que ampararse del frío y de la lluvia. Así, la vida parecía ser un poco mejor que siendo perro. Pero una tardecita, mientras aprovechaba echado sobre el pasto los últimos rayitos de sol, de la nada se le vino encima un perrazo que, aunque andaba con su dueño, no llevaba correa. Apenas si tuvo tiempo de reaccionar y echar a correr como un loco buscando un árbol al que treparse mientras el amo se desgañitaba ordenándole al perro que volviera a su lado sin ningún resultado pues el mastín no paró de lanzar tarascones aquí y allá dejando a la vista sus temibles colmillos.
Con suerte y algunas magulladuras logró subirse a una rama, pero el corazón se le salía del pecho del susto que tenía. No, de ninguna manera, ya no bajaría del árbol, pero ¿cómo haría para comer? ¿Era posible llevar toda una vida arriba de un árbol? No. Aquello era ridículo e imposible y ganas de pasar por el mismo trance, ¡ni pensarlo! Definitivamente, no quería seguir siendo gato. Así que volvió al río cuando la noche ya era totalmente noche y, antes de hacer ningún pedido, decidió quedarse allí meditando sobre qué era lo que quería ser de manera definitiva.
"¿Vaca? ¡Ni soñarlo, que las vacas terminan sobre la mesa de las personas! ¿Gallina, tal vez? ¡Qué tontería! De no ser buena ponedora terminaría en puchero. ¿Quizás lombriz? ¡Vaya pavada! ¿Acaso tenía ganas de terminar ensartado en un anzuelo? ¿Un pez? ¡Pero si no hacía ni un segundo que se había acordado de los anzuelos!"
Pensó y pensó y siguió pensando y a todo le encontraba serios inconvenientes, al menos dentro de la lista de animalitos que él podía conocer. Y finalmente, se le iluminó la cabeza. Sí, quería ser perro pero no llamarse Perro, ser perro pero tener un dueño, tener un nombre, tener un compañero, recibir y dar cariño y protección, cuidar a un amo, custodiar una casa, jugar con los chicos. Sí, era éso lo que realmente quería: ser un perro con dueño. Entonces, solamente entonces, se acercó bien al río y, musitando, le confesó:
- ¡Quisiera ser un perro con dueño, si es posible!
E inmediatamente volvió a ser perro, pero Perro, flaco, sucio, lastimado, lagañoso y comido por la sarna. Volvió a mirarse en las aguas y se sintió triste, muy triste, porque esta vez el río no había cumplido su pedido. Entonces Perro pensó:
- Cierto, es mágico, pero no tan mágico.
Y así, cabizbajo, con enorme cansancio y más enorme pena, caminó hasta un árbol, se hizo un ovillo como pudo y se quedó dormido.
Recién lucía el sol en el cielo cuando Perro sintió una mano que le acariciaba la cabeza con ternura. Abrió sus ojos enturbiados y ni se animó a moverse por temor a asustar al hombre que, en cuclillas, continuaba mimándolo.
- ¡Pobre perro! ¡Qué sucio, flaco y lastimado está!

Perro no comprende cómo, pero ahora se llama Flux, engordó como seis kilos, su pelo se ve brillante y pulcro, no hay rastros de heridas, sus ojos ven claramente, tiene una cucha apoltronada y calentita y los ojos de un amo que lo miran con dulzura.De pronto, un día, se acordó del río. Y no, no podía ser tan desagradecido. Debía responder con gratitud a una magia tan grande y así lo hizo. Muy a escondidas y mientras su amo dormía la siesta, Flux se llegó hasta la orilla y, en su lenguaje de perro, que comprobadamente el río entendía muy bien, le dijo casi en secreto:
- ¡Gracias río! ¡Mil millones de gracias por tu magia! ¡Jamás voy a olvidarte y, aunque no tenga ya nada que pedir, vendré a visitarte todas las veces que pueda!
Y por primera vez el río, con un rumor, que es su manera de hablar, le respondió:
- ¡De nada, amigo! Yo te agradezco mucho el que seas reconocido, pero debo confesarte algo: el que hayas vuelto a ser Perro se lo debes a mi magia, pero el que ahora seas Flux es pura responsabilidad de otro mago que se llama Amor.
*Flux en alemán quiere decir "río"
Texto: Long-Ohni
Iustración: Inés Huni
sábado 10 de octubre de 2009
Una sonrisa para Leopoldo

Hay gente que viaja en autobús, en bicicletas, coches, motos o aviones. Una vez conocí a un señor que viajaba en su imaginación, sin maletas siquiera.
Yo creía que conocía todas las formas de ir de un lugar a otro, hasta que un día conocí a Leopoldo.
-Buenas tardes –me saludó un diminuto hombrecillo.
-Hola –respondí.
-¿Podría usted sonreír?
-¿Cómo, no creo haberle entendido?
-Es un favor que le pido… ¿Podría usted sonreír?
La verdad que me resultó muy gracioso lo que me pidió, así que sin ningún esfuerzo se dibujó una sonrisa en mi pálida cara.
El pequeño Leopoldo se deslizó por mi sonrisa de una punta a otra.
Salió disparado por los aires gritando:-¡Gracias!
Rubén García
Sevilla
España
Ilustración: Matías Acosta
Uruguay
viernes 9 de octubre de 2009
Jugando al escribido

–Estoy muy concentrado jugando al escribido.
–Esa palabra no existe, estás bien confundido.
–Sí existe y es un juego, para ti, desconocido.
–Enséñame si es fácil y juguemos un partido.
–Está bien, aprende, y verás que es divertido.
Primero haz un línea con el dibujo pulido
y ahora tú, amigo, continúa el recorrido.
–Tu fino trazo es bello y tanto se ha lucido,
que no sé qué poner en el espacio seguido
mejor hago rápido un señor bien vestido
¡qué sobresalto amigo! parece que se ha movido.
-Silencio, silencio, escuché un zumbido…
¡es que el pícaro hombre de la hoja se ha ido!
Mejor le dibujo un manubrio invertido
para que vuelva a la hoja y no quede escondido.
Aquí aparece el hombre, sin pasar inadvertido
¡qué feliz es volando, con la manivela sostenido!
va y viene por la hoja, siempre muy presumido,
pasa y nos saluda porque es muy agradecido.
jueves 8 de octubre de 2009
Para volar... los lunes

Él volaba solo los lunes. Decía que era el mejor día. Porque lunes era comienzo, y volar es eso… un comienzo.
La primera vez que sucedió fue un martes. Lo recordaba porque los martes no parecen días de vuelo. Martes es como estar casi a mitad de camino. Entre abajo y arriba.
Pero ese martes parecía lunes y quizás por eso fue que sucedió.
Estaba afuera y miraba el cielo con los ojos entrecerrados porque el sol era muy fuerte y aún no pasaban de las nueve de la mañana.
Era raro, parecía un sol de domingo. Pero era martes.
Posiblemente eso lo desconcertó. Que el sol estaba tan fuerte, como de domingo pero era martes. Y seguramente porque tuvo que entrecerrar los ojos cuando miraba hacia arriba, bien arriba, al cielo azul celeste, tan claro, tan diáfano, tan limpio.
Casi como si fuera jueves, todo despejado, ya a mitad de camino. Ya pensando en lo pronto que se termina.
Pero era martes y no había ninguna nube, y el cielo claro, y los ojos entrecerrados por el sol tan fuerte cuando aún no eran las nueve de la mañana.
Y entonces sintió el tirón. Primero fue en una pierna, la derecha. Siempre los tirones le venían en la izquierda, pero ese día no.
Al rato cuando la derecha se le iba para arriba sin que él pudiera hacer nada, como si una fuerza magnética lo levantara, sintió el tirón en la izquierda.
Él pensó que las fuerzas magnéticas tiran para abajo. Pero aquella no. Y cuando ya no
pudo ni él ni la gravedad de la tierra sostenerlo pegado al suelo, las dos piernas le quedaron como mirando hacia arriba y el cuerpo a mitad de camino, queriendo enderezarse sin poder, como mirando hacia abajo.
Hasta ese momento el no pensó que estaba suspendido en el aire como cuando se vuela, que es estar suspendido en el aire. El pensó que la culpa era del viento. Pero no había viento.
Los vientos siempre son los viernes, a veces los sábados. Viento es empuje, es como un tirón hacia adelante, para animarte a llegar. Y ese día era martes.
El seguía pensando que cosa podía ser la que lo tironeara de esa manera hacia arriba cuando miró hacia abajo. Ahí cayó en la cuenta de que estaba alto, muy alto y las cosas y las casas no se veían muy nítidas. Todo se veía chiquito, como si fuera miércoles.
Miércoles es como estar arriba, ya empezaste a andar pero el final aún queda lejos y todo es incierto, porque no se alcanza a ver bien. Chiquito.
Entonces abrió los brazos y sintió el aire que le rozaba las mejillas. Aire, porque viento no había.
Y decidió que si no podía saber que cosa era lo que pasaba, lo mejor era disfrutar de ese momento. Como si fuera domingo.
Domingo es cuando ya todo se terminó pero aún te queda el roce en las mejillas. Aún sentís el aire que te atraviesa la piel y te sube arriba, arriba, cada vez más arriba. Y el sol que está tan fuerte te da calor pero sin ahogarte porque aún no son las nueve de la mañana. Es un sol que no te quema, pero te alegra el corazón como si fuera una llama.
Él no quiso saber después de donde venían los tirones que lo elevaban del suelo. Tampoco intentó averiguar si era por las fuerzas magnéticas de quién sabe dónde o las aerostáticas de vaya saber qué.
Eso sí, el decidió que el mejor día para mirar el cielo con los ojos entrecerrados era el lunes. Así su vuelo era un verdadero comienzo y no se perdía ningún día de la semana.
Para el descenso siempre lleva una cuerda. Los tirones hacia abajo son menos divertidos y una soga a tiempo previene de los golpes bruscos cuando todo se termina.
Nora Patricia Fowler
Comodoro Rivadavia
Chubut
Argentina
Gracias Nora!!!
Ilustración: Matías Acosta
Gracias Matías!!!
miércoles 7 de octubre de 2009
Una imagen, mil palabras...

lunes 28 de septiembre de 2009
La luna en la radio...

Equipo: Ana Padovani (Plan de lectura)
Ana Calvo
sábado 19 de septiembre de 2009
Niños...

Un niño pide monedas en la calle. Mientras extiende su mano diminuta, un transeúnte deposita un brillante peso dorado. El niño no sonríe. Por detrás de los edificios, el sol asoma una mariposa de reflejos de luz. El niño la mira maravillado por la naturaleza de las cosas que no tienen precio...
En la casa de Sofía están preparando sopa de princesas, el olor humeante a calabaza dulce se esparce hasta el parque en donde la niña vestida de hada permanece en silencio.Observa la misma mariposa de fuego, que el reflejo explota contra el agua azul de la pileta.
Un poco más lejos...un niño del pueblo zulú se funde entre los ojos cristalinos de un león africano, los rayos del sol se despliegan majestuosos sobre la escena. No tiene miedo, ni lo tendrá jamás.
En la Patagonia argentina, un bebe mapuche juega con los duendes de montaña , respira el olor fresco de su tierra sostenido por los brazos añejos de su abuela milenaria...mira el lago y agita sus pies al compás del sonido de la naturaleza.
A unas pocas cuadras de acá, en una vereda de ciudad y bajo la mariposa de luz, Juana salta a la Rayuela. Sabe que podrá empezar el juego una y otra vez, y entonces sí, llegar al cielo...
Este texto fue publicado para conmemorar el día del niño...
No tenía ilustración.
Ayer llegó a La luna naranja una ilustración de regalo que surgió a partir del texto.
El agradecimiento a quien interpretó estas palabras y espontáneamente creo una imagen emocionante y perfecta.
El texto es de mi autoría.
La maravillosa ilustración pertenece a Arghoost Toons
Andrés Rodriguez
Gracias!!!
Coni Salgado
La luna naranja
viernes 4 de septiembre de 2009
Azul
viernes 28 de agosto de 2009
Me encanta la media luna

Cuando me voy a la cama
y no me quiero dormir,
me acerco hasta la ventana
a ver la luna salir.
A veces, está escondida
y sólo veo los luceros
¡¡Ay, qué luna más bandida!!
se ha metido en el ropero.
Otras noches sale inmensa,
redonda como un pastel
de crema fresca, muy fresca,
o bañadita de miel.
Pero la que más me encanta,
-¡¡bonita como ninguna!!-,
es cuando de noche anda
vestida de media luna.
Y después sueño que estoy
sentada en la media luna.
En mi blanca mecedora
¡¡Bonita como ninguna!!
Poesía: Zandra Montañez Carreño (Colombia)
Ilustración: Magalí Ludmila Morales (Argentina)
lunes 17 de agosto de 2009
¿Quién vive?

¿Quién vive en el pueblo negro y fantasmal?
¿Algún vampiro tonto, sucio y desalmado?
o ¿el monstruo del río verde y el matorral?
¿Quién vive, en ese pueblo, enamorado?
En el de marrones y movedizas arenas.
Y algunos bichos distraídos y peludos.
Y arañas tejiendo trampas a la espera.
¿Quién está feliz en este mundo tan oscuro?
En el que todas las noches se oyen gritos.
En el de casas húmedas y arruinadas
y brujas coloradas, pendientes de los ritos.
¿Quién vive allí vendiendo limonada?
En el que traicioneras y sigilosas serpientes
se deslizan silenciosas entre piedras frías.
Con laberintos que confunden a la gente.
¿Quién sueña con su amada todo el día?
¿Quién vive en el pueblo negro y fantasmal?
¿Quién vive, en ese pueblo, enamorado?
¿Será un ser que no tiene espejos ni cristal?
O ¿un pequeño duende soñador y despistado?
Poesía: Patricia Iglesias Torres (Argentina)
Ilustración: Fernando Calvi (Argentina)








